Crítica cinematográfica: Robot Salvaje (2024)

Una aventura sentimental y reflexiva

Un autómata que posee avanzada tecnología consigo es dejado a la intemperie por sus creadores a la orilla del mar, no obstante, deberá acostumbrarse a las circunstancias mientras lleva a cabo un quehacer desafiante junto al reino animal... Robot Salvaje... es la cinta que reseñaré a continuación... síganme a esta travesía acontecida en una realidad futurista no muy lejana.

Hace unas jornadas atrás, poniendo en práctica uno de mis pasatiempos favoritos, asistí a las salas de cine para disfrutar The Wild Robot, titulado en Hispanoamérica como Robot Salvaje, film animado realizado y escrito por el cineasta norteamericano Chris Sanders, popular entre la multitud por encabezar entregas como Lilo & Stich (2002), Como Entrenar A Tu Dragón (2010), etc. En esta oportunidad, conforma equipo junto a Kris Bowers como compositor musical y Chris Stover en la animación.




Esta obra estadounidense cuenta la historia del ejemplar robótico llamado como Unidad Rozzum 7134, que tras un arribo algo accidental a un territorio rodeado de naturaleza pero alejado de la humanidad, tendrá que ponerse en marcha para llevar a cabo una misión ordenada por sus creadores. Sin embargo, a pesar de no tener sentimientos gracias a su programación, descubrirá inesperadamente cual es su verdadera razón de existir.

Sus actores de doblaje son: Lupita Nyong'o, Pedro Pascal, Catherine O'Hara, Mark Hamill, Ving Rhames, entre otros.






Robot Salvaje es una película computarizada de géneros cinematográficos como la ciencia ficción y el drama que está fundamentada en el libro "The Wild Robot (2016), redactado por el literario norteamericano Peter Brown, que se caracteriza sustancialmente por su trama interesante, banda sonora atrapante, efectos visuales impresionantes y trabajo de doblaje increíble.

La andanza futurista empieza en una inclemente y hermosa isla que recibe los embates de un fuerte oleaje donde, en una aparatosa eventualidad causada por un fenómeno climático, múltiples cajas de gran tamaño han caído abruptamente en mencionado territorio hasta romperse. Sumido entre una cantidad numerosa de escombros y seres acuáticos, repentinamente, se levanta un alto y metálico sobreviviente del choque con una vocación empedernida por cumplir su objetivo principal: prestar ayuda.

Seguidamente, desconcertado de cierta forma, su activación se hace efectiva tras un rato apagado en la nebulosa mecánica, procediendo a reconocer el sitio donde está como medida básica reconocer a través de un escaneo rápido y profundo las latitudes del espacio exterior donde es parte ahora. Pese a los empinados trayectos se dispone exhaustivamente a encontrar a un humano que requiera algún tipo de socorro, un elemento en el cual abunda mayor utilidad Rozzum.

En este epílogo, algo que imaginé fuere una de sus facetas más atractivas gracias a avizorar las creaciones antecesoras lideradas por el estudio "empleador de sueños", sin duda alguna, destila con creces desde un principio es lo visual al plasmar en pantalla grande a la máquina y el colorido ambiente, percibiendo inmediatamente una introducción que me atrapó sin siquiera presentar una simple voz expresar cualquier línea de diálogo.

Volviendo a lo que nos interesa después de una pequeña coma, con 7134 conociendo buena parte del remoto cayo, en tediosa espera de hallar a una persona que precise el partimiento de su atento y completo auxilio; empero, percibiría inocentemente que ningún sujeto precedido de los homínidos ronda en la circunferencia oxigenada por cientos de gigantes arbustos -un detalle pequeño pero no menor ante la configuración instalada en su disco duro.

De repente, allá a la lejanía donde su visión perfecta y basta alcanzaría a ver, finalmente, peludos y veloces individuos de cuatro patas que portan cola hacen acto de presencia frente a su chata nariz: una señal clarificadora e importante para las intenciones particulares del Bot. Asimismo, instantáneamente se percata que el lenguaje de comunicación practicado por los antiguos huéspedes está ausente en su programa de idiomas al querer entenderlos -vicisitud imprevista hasta para una invención moderna.

Ulteriormente, los intentos por hacer contacto con el reino animal se multiplicaban sin efectividad, haciendo el plateado Rozzum un esfuerzo feroz para lograrlo pero este chocaba persistentemente con una pared durísima etiquetada como la "indiferencia".  A la vez, como si de un cuadro de Jackson Pollock se tratase, su estadía en el hábitat seria compuesta por matices de colores que impactarían hasta al "más pintado", comprendiendo así el lado maravilloso de la natura en su máxima expresión. 

Sin embargo, la agresiva cara del mundo salvaje no tardaría en hacer acto de presencia, donde en un "abrir y cerrar de ojos", Roz, al explorar cada uno de los rincones habidos y por haber, daría un paso hacia adelante en un terreno exageradamente peligroso al descubrir la cueva donde mora un gigantesco mamífero con mala espina, quien demostraría un imponente ataque representado por garras y dientes afilados que originaría una retirada precipitada hasta un escalofriante barranco.

Por consiguiente, concentrado y sentado carcomiéndome la intriga por saber lo que deparará al fulano protagonista, un impactante episodio impulsado debido a la violenta postura demostrada por el peludo residente, Rozzum 7134 sufre en "latón propio" la misteriosa senda del destino con un terrible acaecimiento que me estremeció como protector de  los animales. Aunque, conducido sobre turbulentos baches y el haber sufrido varios golpes indoloros para el, al final de este se encontrará un ovalado y sensible detalle surgido de semejante sampablera.

Si bien su función es asistir a quien exija apoyo velozmente, un cuerpo redondeado de tamaño y dureza nunca había estado en sus alargada e insensibles manos, transformando su accionar metódico a uno exasperado hasta el punto de acarrear en un colapso nervioso, suscitando en una ligera variación de la tarea monótona implementada por Universal Dinamics (sus dueños) en el taller de fabricación. 

A esta altura de la vistosa narración, sucede un punto de inflexión argumental relevante, con un bamboleo constante de incidentes que desafían enormemente al engendrado metalúrgico a encontrar un inmediato remedio que le ayude lo antes posible, curiosamente, a coexistir entre el nulo trato comunicativo con sus vecinos y la criatura que está a punto de nacer -eventos que acorralan al desarrollo de la crónica a un callejón sin salida.  

Como si de una oportuna causalidad se tratase, al pasar de las lunas, Fink, una pícara alimaña de pelaje multicolor haría acto de presencia en el turbulento y casi vacante circulo social de Roz con notorias intenciones, intenciones que serían detectadas indirectamente por la inteligente máquina.  Pese a que otra vez es perseguido por los bríos y pezuñas de un extraño, simultáneamente aprendería la invaluable conexión en el lenguaje universal del habla con sus cercanos.

Reintegrándonos de nuevo al campamento en la ínsula, el indetenible y grandioso acto de nacer hace eco desde su huevo al crujir paulatinamente hasta romperse, siendo el sinónimo de que un individuo ha saltado a este lado del charco. Sintiendo la incontenible necesidad de abrir sus ojos por primera vez, visualiza ante sí a un tipo largilucho y de ojos saltones que ocupará -en ausencia de su familia aérea- un rol crucial e inimaginable hasta para el mismo.

A pesar de haber tolerado la colérica postura de ciertos prójimos, un giro del azar inopinado le colocará en bandeja de plata una ocasión para poner a prueba de lleno cada compuesto de la mecánica virtual que integra su desgarbado cuerpo. Para ello, conformará una amistad de principio áspera pero luego amena con Fink, que envainará sus afiladas uñas de una vez por todas al revelar un lado sensible escondido para acordar una reconciliación. Encima se percata de una amable y rústico rabipelado, Pinktail, mostrando un semblante distinto a los demás.

Las primaveras irían transcurriendo conjuntamente al crecimiento del pequeñín con pico, ave de baja estatura que integraría un núcleo familiar conformado por una exclusiva entidad virtual y un hábil zorro -insospechado pasar hasta para la mente más soñadora. A la par, la relación de Roz con las demás especies mejoraría paso a paso con el tiempo al interpretar sus pensamientos y armonizar como una verdadera comunidad, algo sin precedentes.

Aun así, todo parecería prosperar dichosamente, cuando, de repente, tajantemente como el estruendoso sonar de un trueno, el pájaro nombrado Brillo se percata de una verdad magnánima oculta por su progenitor no biológico, revelamiento que enfurecería sobremanera al ganso hasta inclusive originar un distanciamiento afectivo y físico. Este trance incitará a Rozzum a una introspección existencial con una finalidad personal, seguidamente de una indagación silente por parte de la compañía Universal Dinamics a su ambigua marcha que planifica un entramado incógnito.   

El legendario realizador Chris Sanders alcanza una vez más su acometido artístico, al ser partícipe primordial de un ingenio fílmico en puestos compartidos como director/autor, faenas complejas y retadoras, las cuales cumple a rajatabla al confeccionar un producto final digno de su lista filmográfica. Kris Bowers sobresale al componer piezas musicales encantadoras que agregan un epicismo especial conforme a las determinadas escenas. Por último pero no menos significativo, está Chris Stovers, el hacedor de una mágica ilusión óptica que deslumbra positivamente desde los minutos iniciales.

Vale acotar, que tuve la ocasión de observar Robot Salvaje doblado al español ya que solo esa versión estaba disponible en el teatro local -actuación súper e impecable de los múltiples profesionales. De igual modo, pude contemplarla en su idioma original desde mi computadora, y las intervenciones actorales fueron igual de sólidas, siendo una de ellas la ilustre Lupita N'Yongo, sobresaliendo al encarnar al dispositivo electrónico Rozzum. El querido Pedro Pascal ocupa un admirable trabajo al figurar como Fink un raposo astuto. La célebre Catherine O'Hara reluce al personificar a Pinktail, una zarigueya de Virginia. 

Robot Salvaje es una obra fantástica que ostenta de un entramado atrayente y maquinador erigida por un panel exitoso conocedor de la materia por décadas, el cual despunta en virtud de su técnica constituida por lo audiovisual al ensamblar un orbe realmente auténtico. Si las aventuras caricaturescas son de tu agrado, esta memorable entrega hará aflorar tus sentimientos como el húmedo otoño desprende las hojas de los árboles.

Tiene una duración de 101 minutos, fue producida por DreamWorks Animation, distribuída por Universal Pictures y dispuso de un presupuesto de 78 millones de Dólares.

Si anhelas observar este largometraje, se encuentra disponible en cartelera en naciones Sudamericanas como Venezuela y está presente en plataformas streaming como Prime Video, Peacock y Netflix.

Hasta la próxima, cinéfilos.



Redactado por: Lic. Angelo Medina   

  

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